Bienestar animal en las aulas: ¿Cómo clasificamos a los animales?

En nuestra segunda sesión de formación, comenzamos con una pregunta clave: ¿qué recordaban los alumnos de la sesión anterior? Para nuestra sorpresa, no solo recordaban el concepto de bienestar animal, sino que además pudieron enumerar sin dificultad las cinco libertades reconocidas para todos los animales.

Con el grupo ya en materia, pasamos a actividades mucho más interactivas. Cada alumno escribió el nombre de un animal y lo pegó en la pizarra, con la intención de reunir el mayor número posible de especies.

Más allá de la biología: clasificando a los animales según su relación con los humanos

Una vez tuvimos un listado amplio, lanzamos un reto: clasificar los animales, pero sin recurrir a los típicos criterios biológicos. En lugar de los reinos animales a los que están acostumbrados, les pedimos que los agruparan según su relación con los seres humanos.

Aquí es donde surgió un debate muy interesante. Los primeros tres grupos se definieron con rapidez:

  • Animales domésticos: Aunque generó algunas dudas sobre qué especies deberían incluirse, fue la categoría más clara.
  • Animales «que se comen»: Nosotros preferimos llamarlos animales productivos, ya que esta denominación engloba un mayor número de especies.
  • Fauna salvaje: Aunque costó un poco más llegar a este grupo, finalmente los alumnos lo identificaron.

Pero el cuarto grupo fue el más complicado de conceptualizar: la fauna urbana. Con algo de ayuda, los estudiantes identificaron ejemplos como ratas, palomas, ardillas e incluso jabalíes en algunas zonas.

 

En las siguientes imágenes, podéis ver el ejercicio de lluvia de ideas y clasificación de los animales que hicieron los alumnos:

Actividad en grupos: reflexionando sobre la clasificación

Para consolidar este aprendizaje, dividimos la clase en cuatro grupos. Cada equipo tenía que clasificar los animales de la pizarra en su hoja de trabajo. Si un animal encajaba en más de una categoría, podían repetir su nombre en distintas listas.

Una vez terminada la tarea, un representante de cada grupo recorrió las mesas de sus compañeros para verificar si habían olvidado algún animal.

Y entonces hicimos algunas preguntas para generar debate:

¿Por qué algunos animales aparecen en varias categorías?
¿Por qué en algunos países se consumen ciertos animales y en otros no?
¿Cómo influye la cultura en nuestra relación con los animales?

El caso de perros y gatos generó una de las conversaciones más enriquecedoras. Dependiendo del contexto, pueden ser animales de compañía, fauna salvaje, fauna urbana o incluso productivos. Este ejercicio ayudó a los estudiantes a entender que nuestra relación con los animales no es universal, sino que varía según la realidad cultural de cada país.

 

El debate: diferentes perspectivas sobre el consumo de animales

El entusiasmo del grupo nos llevó a proponer un debate estructurado sobre la alimentación y el consumo de animales. Dividimos la clase en tres equipos, con dos moderadores que se encargarían de gestionar la discusión.

  • Grupo 1: Defender el veganismo
  • Grupo 2: Defender las macrogranjas
  • Grupo 3: Defender las carnes ecológicas saludables

Normas del debate:

Cada grupo tenía 15 minutos para construir sus argumentos a favor de su postura y encontrar razones en contra de las otras. El objetivo no era convencer, sino aprender a argumentar de forma crítica y estructurada.

Al principio, algunos estudiantes no se lo tomaron muy en serio. Pero, a medida que los grupos empezaron a recibir contraargumentos, cada vez defendieron mejor su postura, con más seguridad y solidez. El debate se alargó tanto que tuvimos que continuar en la siguiente sesión.

 

Reflexión final: ¿cómo influye nuestra cultura en la forma en que vemos a los animales?

Este ejercicio nos permitió ver cómo la percepción de los animales no es homogénea y depende de múltiples factores: historia, cultura, alimentación, economía y contexto social.

Para cerrar, planteamos una última pregunta abierta:

Hemos recopilado los argumentos que surgieron durante el debate.

 

¿Tú cómo clasificarías a los animales según su relación con los seres humanos? ¡Déjanos tu opinión en los comentarios!

Bienestar animal en las aulas: ¿Cómo clasificamos a los animales?

En nuestra segunda sesión de formación, comenzamos con una pregunta clave: ¿qué recordaban los alumnos de la sesión anterior? Para nuestra sorpresa, no solo recordaban el concepto de bienestar animal, sino que además pudieron enumerar sin dificultad las cinco libertades reconocidas para todos los animales.

Con el grupo ya en materia, pasamos a actividades mucho más interactivas. Cada alumno escribió el nombre de un animal y lo pegó en la pizarra, con la intención de reunir el mayor número posible de especies.

 

Más allá de la biología: clasificando a los animales según su relación con los humanos

Una vez tuvimos un listado amplio, lanzamos un reto: clasificar los animales, pero sin recurrir a los típicos criterios biológicos. En lugar de los reinos animales a los que están acostumbrados, les pedimos que los agruparan según su relación con los seres humanos.

Aquí es donde surgió un debate muy interesante. Los primeros tres grupos se definieron con rapidez:

  • Animales domésticos: Aunque generó algunas dudas sobre qué especies deberían incluirse, fue la categoría más clara.
  • Animales «que se comen»: Nosotros preferimos llamarlos animales productivos, ya que esta denominación engloba un mayor número de especies.
  • Fauna salvaje: Aunque costó un poco más llegar a este grupo, finalmente los alumnos lo identificaron.

Pero el cuarto grupo fue el más complicado de conceptualizar: la fauna urbana. Con algo de ayuda, los estudiantes identificaron ejemplos como ratas, palomas, ardillas e incluso jabalíes en algunas zonas.

 

En las siguientes imágenes, podéis ver el ejercicio de lluvia de ideas y clasificación de los animales que hicieron los alumnos:

Actividad en grupos: reflexionando sobre la clasificación

Para consolidar este aprendizaje, dividimos la clase en cuatro grupos. Cada equipo tenía que clasificar los animales de la pizarra en su hoja de trabajo. Si un animal encajaba en más de una categoría, podían repetir su nombre en distintas listas.

Una vez terminada la tarea, un representante de cada grupo recorrió las mesas de sus compañeros para verificar si habían olvidado algún animal.

Y entonces hicimos algunas preguntas para generar debate:

¿Por qué algunos animales aparecen en varias categorías?
¿Por qué en algunos países se consumen ciertos animales y en otros no?
¿Cómo influye la cultura en nuestra relación con los animales?

El caso de perros y gatos generó una de las conversaciones más enriquecedoras. Dependiendo del contexto, pueden ser animales de compañía, fauna salvaje, fauna urbana o incluso productivos. Este ejercicio ayudó a los estudiantes a entender que nuestra relación con los animales no es universal, sino que varía según la realidad cultural de cada país.

 

El debate: diferentes perspectivas sobre el consumo de animales

El entusiasmo del grupo nos llevó a proponer un debate estructurado sobre la alimentación y el consumo de animales. Dividimos la clase en tres equipos, con dos moderadores que se encargarían de gestionar la discusión.

  • Grupo 1: Defender el veganismo
  • Grupo 2: Defender las macrogranjas
  • Grupo 3: Defender las carnes ecológicas saludables

Normas del debate:

Cada grupo tenía 15 minutos para construir sus argumentos a favor de su postura y encontrar razones en contra de las otras. El objetivo no era convencer, sino aprender a argumentar de forma crítica y estructurada.

Al principio, algunos estudiantes no se lo tomaron muy en serio. Pero, a medida que los grupos empezaron a recibir contraargumentos, cada vez defendieron mejor su postura, con más seguridad y solidez. El debate se alargó tanto que tuvimos que continuar en la siguiente sesión.

 

Reflexión final: ¿cómo influye nuestra cultura en la forma en que vemos a los animales?

Este ejercicio nos permitió ver cómo la percepción de los animales no es homogénea y depende de múltiples factores: historia, cultura, alimentación, economía y contexto social.

Para cerrar, planteamos una última pregunta abierta:

Hemos recopilado los argumentos que surgieron durante el debate.

 

¿Tú cómo clasificarías a los animales según su relación con los seres humanos? ¡Déjanos tu opinión en los comentarios!

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2 respuestas

  1. Muy interesante las diferentes perspectivas. Es muy cierto que la percepción de los animales no es universal y varía según el contexto, la cultura, las preferencias y el contexto social.

    1. ¡Exacto! En el aula, esta reflexión llevó a los alumnos a cuestionarse sus propias ideas y descubrir que no hay una única forma de clasificar a los animales. Fue muy interesante ver cómo el debate iba creciendo con cada punto de vista. ¡Gracias por tu comentario!

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